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Mosaico

Cuando me voy de viaje a conocer una ciudad nueva, una de la cosas que mas me gusta es visitar sus edificios emblemáticos. Me gusta la historia del arte y reconocer sus características en ellos. Cuando estuve en Lisboa, solo el hecho de pasear por sus calles se convirtió en un juego de búsqueda de azulejos y mosaicos en sus fachadas, de diferentes coloridos y formas, no podía evitar hacer foto a cada una de las de los azulejos que me encontraba a la vuelta de cada esquina como si hubiera encontrado un tesoro.

Y esto me hace preguntar, qué es lo que tanto me atraía de esos alicatados. Será la simetría perfecta y trabajo minucioso de poner baldosa a baldosa una fachada entera. Donde crecí las fachadas eran todas de piedra y ver algo tan opuesto me llama la atención.

Distintas culturas a lo largo de la historia han utilizado esta técnica para formar pavimentos o muros de mosaicos en catedrales y palacios o edificios, como es el caso de Lisboa. Este alicatado cumplía una doble función, decorativa, por un lado, y de protección de la superficie arquitectónica por otro.

En la Alhambra, por ejemplo, el repertorio ornamental hispanomusulmán se basa en tres elementos básicos de decoración: la epigrafía, la vegetación y la geometría. Se crearon gran variedad de tramas geométricas que fueron evolucionando en diseño y maestría a lo largo del tiempo.  En el arte nazarí existen así composiciones simples, basadas en la repetición de uno o dos figuras; y composiciones complejas, en las que diferentes motivos se desplazan y rotan para generar a su vez nuevas formas geométricas a un nivel superior

Los artesanos islámicos medievales trataron de hallar lo que para otras civilizaciones se ha llamado la «cifra áurea», para lo cual utilizaban dos elementos geométricos básicos, el círculo y el cuadrado, con los cuales y a partir de su carácter simple, llegaron a desarrollar verdaderas composiciones matemáticas. El motivo decorativo se crea de la siguiente manera: en el interior o en el exterior de un círculo se traza un cuadrado que, girado sobre sí mismo, da lugar a una estrella, que se denomina sino, cuyo número de puntas es variable -seis, ocho, doce, etc.-y que será la base o el punto de partida de todo el desarrollo decorativo posterior.

MOSAICO es como llamo a este bolso, la tela de la solapa llamó mi atención , al igual que los azulejos de Lisboa, su geometría y colorido eran perfectos para este formato de bolso. Solapa cuadrada, en un bolso de formato cuadrado y cuadraditos de diferentes tamaños, rotados, creando rombos, tal y como hacían en el arte nazarí.

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